LOS AÑOS SETENTA. FINAL DE UNA ÉPOCA

 

              

El final de una época

 Los años centrales de esta década marcan el final de una época política en España que dejan atrás oscuros fantasmas del pasado y deja libre de todo estorbo a la esperanza y la ilusión en un futuro mejor para las nuevas generaciones que se iban formando en España.  Con la muerte del dictador comienza un periodo de transición a la vida democrática que a decir de los analistas políticos fue modélico en su concepción, desarrollo y ejecución.  Afortunadamente la madurez de los españoles ayudó de manera decidida a este importante tránsito entre dos periodos totalmente contrapuestos.  Es el final de una época que culminaría en mayo de 1979 con la celebración de las primeras elecciones municipales después de mucho tiempo sin convocarse.

 

                También esa época acaba en Galilea con la elección de nuevos regidores municipales que toman el testigo de este alcalde que dirigió el ayuntamiento durante más de un tercio de siglo, sabiendo conjugar de manera acertada decisiones personalistas y arriesgadas con otras más participativas en las que la vertiente diplomática estuvo siempre presente en el trato con personalidades claves de la política del momento, tanto en el plano militar, como en el cultural o en de la de la propia diplomacia.

 

 

El peligro de la emigración

 

               La apertura política de esta década propicia también una apertura en el ánimo de las gentes, sobre todo en las que residen en el mundo rural, y se empieza a plantear la posibilidad de romper el inmovilismo imperante hasta entonces, en cuanto a las prácticas endogámicas y ancestrales imperantes hasta entonces en aquella sociedad, encerrada en unos límites geográficos muy constreñidos debido, principalmente, a las escasas posibilidades de trabajo que hasta el momento ofrecía el mundo exterior. Es la década en la que cesa la emigración exterior y comienza el movimiento interno de personas en una única dirección: del campo a la ciudad. El mundo rural corre peligro de despoblamiento.

 

               Por eso es por lo que al principio de estos años se decide solicitar la construcción de un grupo de 21 viviendas sociales                            

 

 “para con ello evitar la emigración manifiesta… ya que muchos vecinos empiezan a emigrar a la capital y a la parte de Bilbao y que se da el caso que muchos de ellos vienen desde Logroño a sembrar sus fincas…”

 

Más adelante informan de que,

              

               “la construcción correrá a cargo de la obra Sindical del Hogar.”      

 

               Habrían de pasar unos años para que estas buenas intenciones se plasmaran en realidad ya que su construcción no comenzaría hasta  los inicios de la siguiente década para inaugurasen en 1983.

 

Construcciones de los años ochenta

               Pero también había que retener a la juventud de otra manera: dotándoles de centros de reunión y de ocio de los que se carecía totalmente en aquellas fechas.  Conscientes de esas carencias, en abril de 1975, deciden crear,

 

“…una agencia de lectura toda vez que se cuenta con un local aparente, recién construido en el centro del pueblo…”

 

               Pero para la instalación de esta verdadera biblioteca había sido preciso adecentar el solar que quedó del derribo del viejo frontón en la década pasada. Por eso desde el año 1970 se comienza a madurar la idea de pavimentar la plaza pública solicitando de la Diputación Provincial la cantidad de 800.000 Pts, importe necesario para el comienzo de las obrar. En abril de 1971 se seguía en la misma situación o incluso peor ya que afirman sin rodeos que la plaza se encuentra en muy mal estado. En abril de dicho año, y aunque se está a la espera de la inevitable subvención toman la decisión de

 

                        “…emprender la reparación de la plaza de esta localidad…”

 

            Pero no la emprenden. Se ve que los deseos son más fuertes que la solidez de las arcas municipales pendientes siempre de los dineros públicos por que en marzo de 1973, casi dos años después, siguen debatiendo la,

 

“… necesidad de proceder a la reparación de la plaza que lleva el nombre de Eduardo González Gallarza, por encontrarse en pésimas condiciones…”

 

Y como siempre, entonces y ahora,

 

               “…habida cuenta de que el Ayuntamiento carece de fondos para afrontar dicha obra…”          

 

               En mayo se cambia de estrategia y ya que la Diputación Provincial parece que no responde a la llamada del alcalde y no quiere soltar un dura, deciden .

 

“…solicitarlo a la Junta Provincial del Paro… para poder llevarse a cavo dicha obra tan de carácter urgente dado que dicha plaza de encuentra en el centro del pueblo y frente a la Casa Consistorial”

 

               Por fin en el mes de junio de 1975, el presidente de la Comisión delegada de asuntos sociales, es decir, el Gobernador Civil, concede una ayuda de 40.000 Pts que permite dar comienzo de las obras de pavimentación de la plaza pública que juntamente con la construcción de un edificio de planta baja, habilitado más tarde para biblioteca municipal, conformarían el paisaje urbano del centro del pueblo hasta el primer tercio de los años 90, cuando por razones estéticas y de seguridad es demolido dando paso a una plaza abierta y diáfana tal y como la conocemos actualmente.

 

               Aún habrían de ejecutarse otras obras de trascendental importancia para el bienestar de nuestros vecinos. Así, son también de  esta década la construcción del depósito municipal suministrador del agua potable, “depósito regulador” como lo denominaron, entonces que vino a paliar la escasez de agua y la poca presión con la que ésta llegaba a su destino. Obra importante por cuanto se aprovecho para ampliar y sustituir la red general de tuberías que cruzaban el subsuelo de nuestro pueblo abasteciendo de agua a sus vecinos. En fin, también son los años en los que se sustituyó y mejoró el alumbrado público que hasta la fecha era escaso y pobre.

 

               Pero la década llegaba a su fin. Franco hacía ya cuatro años que había muerto y las elecciones municipales estaban a la vuelta de la esquina.  Los viejos regidores están cansados.  Llevan muchos años al frente de los destinos de su pueblo y se impone un cambio generacional. Puede que sus mentes les animasen a seguir pero sus cuerpos no se lo permite. Hay que retirarse, recapitular y meditar sobre los años pasados. Se deja atrás una época llena de carencias y penalidades de todo tipo, pero suplida perfectamente con tesón, perseverancia e ilusión por la consecución de objetivos. Llega ya el momento de pasar página. Llega el momento de decir adiós.

 

Primeras elecciones

 

Primeras elecciones municipales

 

               En el mes de abril de 1979 tienen lugar las primeras elecciones democráticas municipales después de las celebradas en 1931.  Nuestro pueblo, como el resto de España, no se libra del bombardeo de publicidad machacona y omnipresente que resuena constantemente en nuestro oídos como un sonsonete imposible de evitar. Como en el resto de España también, sin episodios dignos de reseña, se constituye el primer Ayuntamiento democrático, después de muchos años.

 

 

Años de incertidumbre. Años de esperanza. Los años 80

 

       No empezaba bien esta década después de que un iluminado salvapatrias intentar retrotraernos a los tiempos oscuros del pasado más reciente. La asonada militar producida con el asalto al Congreso de los Diputados, llenó de zozobra los corazones de las gentes, que no obstante tuvieron una respuesta modélica demostrando con ello que esta país estaba preparado para asumir sin traumas y decididamente los postulados de una moderna democracia.

 

               También en Galilea se vivió con preocupación esta situación, pero no tanto como otros problemas más domésticos que afectaban de manera directa el tránsito normal de sus vehículos hacia la capital.  En efecto, en el año 1982, la carretera que conduce a Murillo estaba en pésimas condiciones.  Era estrecha, mal señalizada, con un firme deplorable; era un constante peligro.  Es momento, por tanto de solicitar del organismo pertinente su ampliación y mejora del firme, en el menor periodo de tiempo posible.

 

               Pero no solo la carretera hacia Murillo estaba en mal estado; el edificio del Ayuntamiento, después de seis décadas de vida, estaba dando sus últimas bocanadas. Se ha convertido en un edificio viejo, mal distribuido, mal aprovechado (en los años 50 se habilitó, en su piso superior, una casa para el secretario, cuyo espacio en ese momento era necesario) y necesita una reparación integra, o simplemente, su derribo y nueva construcción. Por tanto,  en Mayo de 1982, se plantea

 

“… la necesidad de construir una casa municipal ya que la que actualmente tenemos no reúne las condiciones mínimas exigidas para el buen funcionamiento de este Ayuntamiento…”

 

              

               Y como siempre se plante el mismo problema. Las arcas municipales no tienen un duro y la subvención concedida no llega ni siquiera para el proyecto. Pero la necesidad está planteada. Ya vendrán tiempos mejores. Sin embargo en junio de 1985 aún no se había hecho nada al respecto.

 

               Mientras tanto, la vida del pueblo continúa.  Y por estas fechas viene a alegrarla la noticia de que el Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo,

 

                              “…comunica la proximidad de la terminación de veintiuna viviendas en Galilea…”

 

               Efectivamente. Aquellas viviendas cuyo proyecto nació en los albores de los años 70, ahora, doce años más tarde son una realidad. Su próxima inauguración iba a ser un hito. Nunca hasta entonces se había abordado una obra social de esta magnitud en Galilea. Era normal que la gente estuviera ilusionada y contenta. Iban a ser veintiuna familias de toda edad y condición, las que se beneficiasen de esta iniciativa, pionera como muchas otras en nuestra localidad, para aquellos tiempos que corrían. Su ocupación iba a tener dos consecuencias, a cual más positiva. Por un lado permitiría, como realmente así fue, que jóvenes matrimonios que, por diferentes motivos, no querían establecer su domicilio en otra localidad, pudieran seguir residiendo donde realmente querían hacerlo. Y por otra, que vecinos de avanzada edad, cuyos domicilios habituales no reunían las condiciones de habitabilidad más idóneas, pudieran adquirir, sin muchas dificultades una vivienda digna para aquella época. La fisonomía del pueblo cambió con aquella urbanización,(bautizada luego con el nombre de su inspirador) y fue el ariete que abrió paso a nuevas construcciones al resguardo de aquellas, permitiendo así darle al pueblo la configuración arquitectónica que actualmente posee.

 

 

               Así fue como el 25 de febrero de 1983 a las 10,30 de la mañana, en sesión abierta y pública, fueron adjudicadas las viviendas a sus legales propietarios.

 

 

Ayuntamiento de 1983

Un nuevo edificio para el Ayuntamiento

 

               Querámoslo o no, los años también pasan factura a las edificaciones. Y así ocurrió con aquel viejo ayuntamiento, levantado en los años veinte, y que habiendo sufrido varias reformas en el transcurso de su vida, su estructura amenazaba ruina. Después de haberse barajado la posibilidad, en el pasado reciente, de rehabilitarlo y reformar sus estructuras, se llegó a la conclusión de que su mejor destino era la demolición.

 

               Así vemos cómo en el mes de diciembre de 1982 se están haciendo las gestiones pertinente para solicitar las ayudas necesarias de los organismos públicos como pudiera ser el IRYDA. Con esta ayuda y otras que pudieran venir por otras fuentes, se levanta el edificio del Ayuntamiento sobre el solar resultante de la demolición del antiguo.

 

 

Proyecto y construcción del nuevo frontón municipal.

 

            En la década de los años cuarenta, y financiado por aquel organismo del régimen anterior que se denominó Confederación Nacional del Trabajo, se construyó en Galilea un trujal cooperativo de aceite situado extramuros de lo que por aquel entonces era el casco urbano de Galilea, en la prolongación de la calle Anselmo González.  Hasta entonces, las importantes cantidades de oliva que nuestro pueblo producía eran molidas en almazaras particulares, pertenecientes a vecinos de Galilea de las que algunas de ellas todavía existen en la actualidad.

 

               Era aquel un trujal compuesto de dos volúmenes diferentes dentro del mismo edificio, en el que, el primero de ellos se destinaba al almacenamiento de los sacos de olivas que, a través de una conducción especial, se depositaban en una superficie, ubicada en el otro compartimento, recorrida permanentemente por tres grandes rodillos de granito, que iban remostanto una y otra vez las olivas hasta conseguir el preciado aceite.  Justo frente a la puerta de acceso, estaba la prensa.  Sobre su ém

Frontón de 1986

bolo se colocaban las “capazas” con la aceituna ya molida para prensarla hasta lograr la última gota de aceite que pudieran quedar en sus residuos. Situada a la derecha una funcional estufa alimentada con los restos extraídos de los capachos. El exterior estaba invadido por la maleza, alguna que otra higuera silvestre y dos grandes pozos ocultados asimismo por hierbajos, donde se depositaban los líquidos residuales de la molienda.

 

               Este trujal, de nostálgicos recuerdos a decir de algunos vecinos, fue demolido en el año 1986 para construir sobre el solar resultante, el flamante frontón que hoy preside aquella zona deportiva. Un frontón cuyo proyecto data del mes de mayo 1982 pero que no sería hasta marzo de 1986  cuando se aprueba el proyecto definitivo bajo la dirección del arquitecto D. Victoriano Andrés. Un año después, y con buen criterio, se modifica el proyecto para incrementar tanto el grosor de sus paredes como la superficie del recinto deportivo lo que encarece ligeramente la obra.

 

 

 El club de fútbol Rayo de Ocón

 

               En el año 1980 se produjo en nuestra localidad un hecho que no es normal que se de en localidades de la importancia de Galilea. La creación de un equipo de fútbol en un pueblo de apenas 300 vecinos es un acontecimiento difícil de contemplar si no va a acompañado de la ilusión y el tesón de unas personas en las se conjuga la afición por este deporte universal y los buenos sentimientos hacia el pueblo que les vio nacer.

 

               Estas dos facetas se unieron en Juan José Iglesias que, aun no residiendo en Galilea, consiguió fundar un equipo de fútbol que con unos inicios balbuceantes  y anárquicos consiguió mantenerse en el candelero deportivo de La Rioja hasta la mitad de esa década en la que el relevo generacional hizo precipitar su desaparición.

 

               Mientras permaneció en activo fue el dinamizador social del pueblo, sobre todo en las frías tarde de invierno consiguiendo que los vecinos de Galilea, tanto jóvenes como mayores, aficionados al deporte rey o no, acudieran de manera masiva a presenciar y divertirse con las habilidades y muchas torpezas de los jugadores de turno. La masa social, en los momentos más boyantes de su historia, llegó a superar los 120 socios.

 

               Comenzó su andadura con su fundador como presidente, teniendo como entrenador al entusiasta Santiago Galilea “Tati”, y como terreno de juego el denominado “El Cuco”, lugar que corresponde a la ubicación actual de la urbanización Enrique Malo. El uniforme era rojo.

 

               El primer año, con jugadores prácticamente locales fue un desastre. Las goleadas se contaban por partidos y los resultados eran siempre demasiado abultados. Sin embargo, y a decir por los cronistas deportivos de la época, su deportividad y comportamiento dentro y fuera del campo granjearon la simpatía de la afición riojana. Un titular periodístico de aquella época decía,

 

                              “…han encajado cien goles y no tenían ningún punto.”

 

               Debido a la urbanización del campo de “El Cuco”, la directiva se ve obligada a buscar un nuevo terreno de juego donde poder desarrollar la actividad. El terreno elegido es el de “La Barrilla”, en la actual prolongación de la calle Daniel Menchaca. Pero no sólo se cambia de campo; también se cambia de entrenador haciéndose cargo del equipo el recordado y malogrado “Rodri”.  Con él se da un nuevo aire al equipo y se trasladan los entrenamientos nada menos que a los campos anexos de Las Gaunas de Logroño, en un primer momento y posteriormente, a los del Barrio de Yagüe  también en la capital riojana.

 

               En los siguientes años la plantilla fue reforzada con deportistas ajenos a nuestra localidad que consiguieron dos positivos efectos: de una parte mejorar los resultados obtenidos en temporadas anteriores y de otro establecer lazos afectivos con el pueblo cuyas consecuencias alcanzan hasta nuestros días.  Este refuerzo permitió que los resultados deportivos fueran menos lacerantes e incluso se empezó a obtener buenos resultados lo que propició que en los años 1981 y 1982 los finales de temporada fueran tranquilos y esperanzadores.

 

               Hacia la mitad de la década de los años ochenta, las obligaciones laborales de unos, las estudiantiles de otros y con la desidia de todos conseguimos que una equipo que había nacido con tanta ilusión y sacrificio fuera muriéndose poco a poco de inanición hasta su completa desaparición.