INTENTO DE TRASLADO DE LA FESTIVIDAD DE SAN ROQUE

 

               En el año 1921 la Corporación formada por D. José de La Prida, y los concejales Gumer­sindo Fernández, Saturnino Barrio, Cristino Heredia, Graciano Trevijano, Basilio Hernández y Toribio Galilea, acordaron trasladar la festividad de San Roque al día 17 de septiembre

 

San Roque

 “…ya que la función de gracias ha de celebrarse el día anterior, y como de dicho acuerdo debía darse conocimiento al Sr. cura párroco y al vecindario, se propuso la ratificación de aquel acuerdo verbal, y así se aprobó por unanimidad. “

 

               Este cambio, que venía a alterar una tradición ancestral, no fue bien recibido por los vecinos.  Se levantaron voces protestando por dicho cambio y exigiendo que la festividad se celebrase el día que tradicionalmente se venía haciendo.

 

               Este descontento obligó a la corporación a celebrar una sesión extraordinaria, el día 11 de agosto.  Tal era la expectación levantada por este traslado que la sesión municipal hubo que celebrarla en el salón del Sindicato Agrícola, debido a que el del Ayuntamiento (entonces no existía el que fue derruido en 1982) era insuficiente para acoger al gran número de vecinos que acudieron.

 

               Abrió la sesión el Sr. Alcalde para manifestar que aquella reunión se había votado para confirmar o dejar sin efecto el acuerdo adoptado sobre el traslado de la festividad de San Roque, que tanta expectación estaba levantando en el pueblo.  A continuación hizo un breve resumen de las causas que habían motivado dicho acuerdo, situando su origen en una sesión anterior en la que, al llegar a la aportación económica para las fiestas, la corporación, creyendo interpretar fielmente el sentir de cierta parte del vecindario, tomó la decisión de trasladar la festividad de San Roque al mes de septiembre.  La causa venía dada porque, según algunos, al celebrar las fiestas en plena actividad de la trilla, ocasio­naba la pérdida de tres valiosos días que eran de suma importancia para los intereses de la cosecha.

 

               El vecino Urbano Royo expuso su criterio de que la fiesta debía celebrarse en las fechas que tradicionalmente se había hecho y que no había motivo para que fueran trasladadas. Sus palabras motivaron grandes pruebas de asentimiento por parte del numeroso público presente en el salón.

 

               Tomó de nuevo la palabra el alcalde manifestando que con aquella medida

 

“…no había intención de perjudicar, antes al contrario, quisiera beneficiar los intereses de todos, como así lo había expuesto en anteriores ocasiones.” 

 

Ante los murmullos levantados en el auditorio, y en un arranque de fervor democrático, continuó:

 

“…como el pueblo me ha traído al Ayuntamiento, y éste a la presidencia, mi primer deber es complacer al pueblo que me votó, y como prueba, aun cercenando acuerdos anteriores, estoy dispuesto a que las fiestas se celebren el día 16 de agosto, o cuando el vecindario quiera.”

 

               A pesar de estas palabras, que fueron largamente ovacionadas, los vecinos querían arrancarle una confirmación de que las fiestas , definitivamente, serían trasladadas a su fecha natural, por lo que el presidente replicó:

 

“…admito una observación pero no una imposi­ción; pero aunque sea para dar una prueba de diálogo a este pueblo, en un asunto tan baladí, y lamentando tener que retractarme de una decisión que yo mismo he aprobado, voto porque la fiesta de San Roque se vuelva a celebrar en su fecha tradicional.”

 

               Aquellas palabras dieron fin a una reunión en la que, como en Fuenteovejuna, todos los vecinos se unieron decididamente, no para defender al asesino del corregidor, como en la obra literaria, sino para que una tradición, que venía celebrándose desde que el pueblo tiene conciencia, no fuera alterada a pesar del deseo de unos pocos, por muy justa que fuera su causa.

 

               Otras razones bien distintas fueron las que motivaron la suspensión en el año 1.936.  Dos semanas después del inicio de la Guerra Civil se toma el acuerdo de

 

“…suspender en absoluto toda clase de festejos profanos que tradicionalmente  se celebran los días 15 y 16 de agosto en atención a los momentos tan difíciles por los que atraviesa España.”