LOS ORÍGENES

El Valle de Ocón, desde Sierra la Hez

 Antecedentes históricos de Galilea

 

   La historia de Galilea, hasta el 19 de mayo de 1865 hay que contemplarla unida a lo que, a lo largo de los tiempos, se denominó Tierra de Ocón.  Esta denominación correspondía a una parte del territorio riojano sometido a una misma organización y regulado por unas ordenanzas especiales.  Gobantes, en su diccionario, engloba en la Tierra de Ocón diez aldeas: Aldealobos, Los Molinos, Oteruelo, Pipaona, Las Ruedas, San Julián, Santa Lucía, Corera, El Redal y Galilea además de la propia Villa de Ocón capital de este territorio.  Entre 1842 y 1865, tres de estos pueblos, -Corera, El Redal y Galilea, por este orden- se independizan de la metrópoli, dando lugar así a municipios independientes.

 

               Por tanto, la historia de Galilea hay que estructurarla en dos etapas: una, extensa en el tiempo pero huérfana de datos históricos que hagan referencia directa a su entidad como territorio; y otra que comprende el período de tiempo que abarca desde su segregación de Ocón, en 1865, hasta hoy mismo.  La primera etapa ha de contener, necesariamente, datos genéricos que inciden principalmente en la creación y desarrollo del Valle de Ocón y del propio territorio de la Comunidad Autónoma de La Rioja; mientras que la segunda etapa se centrará exclusivamente en los acontecimientos acaecidos a lo largo de este último siglo y medio en nuestra localidad.

   

Orígenes de Galilea.

 

Pascual Madoz

               Si nos atenemos a lo que Madoz dice en su Diccionario, Galilea, al igual que el resto de las localidades que componen el actual Valle de Ocón, fue fundada por moradores de la metrópoli que salieron a establecerse en casas de campo, barrios y cortijos, por las tierras de su jurisdicción. Pero no habla de fechas.  Estudios más recientes localizan en Galilea un poblado indoeuropeo en el siglo IV a. de C.  El asentamiento de estos pueblos (indoeuropeos y celtas) en la cuenca media del Ebro, contribuirían a establecer parte del actual territorio de La Rioja.

 

               La actual Rioja se repartía de manera desigual entre las principales tribus indígenas de procedencia distinta: los berones, de origen indoeuropeo que ocuparon gran parte del actual territorio  riojano; los pelendones, de procedencia celta, ocuparon el sur; y los vascones, de raíz pre-indoeuropea, el este. La etimología de los berones los relaciona con los príncipes indoeuropeos que asentaron sus poblados fortificados en cimas y altos.  Los vascones, aliados de los romanos, descienden del límite que les imponía el río Ebro y ocupan la zona de Calahorra y Alfaro, señalando el límite entre vascones y berones  una línea que dividía Yanguas, Enciso, Arnedo, El Redal y Alcanadre.  En consecuencia, Galilea seguía siendo parte del territorio berón.

 

               La primera guerra celtibérica desde el levantamiento en el año 181 a. de C. supone el momento crítico del enfrentamiento entre los  indígenas y romanos en esta parte del territorio riojano.  La conquista de esta amplia y variada zona por los ejércitos de Roma, debió realizarse entre la primera y segunda guerra celtibérica.  La marcha de Catón hacia el Ebro - en al año 195 a. de C.- supone el tránsito del ejército romano por el territorio Berón, camino de Calahorra.  Para el último tercio del s. II a de C. la dominación romana en La Rioja se había producido.  Los berones y el resto de los pueblos asentados en estas tierras, adquieren las costumbres romanas.  Comienza así la romanización.

 

Octavio César Augusto

 

Ocón bajo la influencia de Roma.

 

               Durante los primeros años de la ocupación romana, el emperador Octavio César Augusto (67 a.c.-14 d.c.) funda Ocón dándole el nombre de Octaviolea.  Un anónimo cronista del s. XVIII redactó un sencillo manifiesto dedicado a los santos S. Cosme y S. Damián y en él se lee que fue desde sus orígenes un lugar bien defendido y fortificado, que lo fundó Octavio César Augusto y que su nombre primitivo fue Octaviolea.  Situado en un promontorio entre Calahorra y Arnedo, es posible que actuase como refugio o segunda línea del Jubera o del Cidacos, según la dirección de donde provinieran los ataques.  A los detalles de su situación topográfica y defensiva hay que agregar la estructura escalonada de su terreno, sus fuertes construcciones defensivas y lo penoso de su ascensión a través de sus caminos y veredas.  Las abundantísimas aguas potables eran aprovechadas por los romanos para conducirlas hasta Calahorra a través de un cauce del que se conservaban vestigios hasta la mitad del pasado siglo.  En nuestra localidad y en el pago de Valdelafuente, han sido visibles los restos de asentamientos romanos hasta fechas bien recientes.

 

  

La dominación árabe.

 

               A lo largo de poco más de cuatrocientos años, los árabes ocupan totalmente La Rioja.  Desde el año 714 en que cruzan el Ebro hasta el 1119 en que los cristianos conquistan Tudela y Tarazona dejando tranquilos a los de Alfaro y Cervera, los seguidores de Mahoma se convierten en dueños absolutos del territorio riojano.

 

               Siguiendo las antiguas vías romanas, Tarik, navegando Ebro arriba, ocupó todo el valle de La Rioja actual; tánto le gustó estas tierras a los árabes que la llamaron "tierra de acequias", expulsando de ellas a los hispanogodos que fueron a refugiarse a las montañas de Cantabria y Cameros.  Para defender el territorio conquistado, fortificaron los accesos a los ríos Ebro, Tirón, Najerilla, Cidacos y Alhama.

 

               El dominio musulmán se establecería hasta la zona media de el Ebro que los historiadores llamaron "Frontera Superior".  Muchas de sus construcciones sirvieron para delimitar el futuro territorio de La Rioja.  A finales del s. VIII se establece circundante al Ebro la familia de los Banu Qasi un dominio de aventureros árabes, dependientes primero de Córdoba, e independientes después.  Esta familia tuvo una gran importancia en los territorios fronterizos al Valle de Ocón y en el propio Valle.  Desde su sedes itinerantes de Ausejo al principio, y más tarde desde Albelda, inician frecuentes "razzias" contra el territorio dominado por los vascones.

 

Territorios de Banu Qasi

               Las tierras del Valle de Ocón, del Leza y del Jubera debieron soportar una ocupación más prolongada por su especial interés en sus ricos huertos que abrían las puertas de Cameros.  Por eso, los árabes defendieron sus posesiones desde los castillos de Viguera y Nájera y desde el alto de Ausejo.  Una operación conjunta de Ordoño II de León y Sancho Garcés I de Nájera, obligan a los Banu Qasi a retroceder hasta sus posesiones en Ocón.  A partir del año 915 se precipita la decadencia de esta dominante familia árabe, y los reinos de Nájera y Viguera y el Condado de Castilla, comienzan a perfilarse.

               El conde Fernán González y García Sánchez de Pamplona se enfrentan por cuestiones sucesorias de aquél reino.  El rey navarro busca la ayuda de Abderramán y el conde es hecho prisionero y retenido hasta la muerte de ambos reyes para, posteriormente, ser puesto en libertad.  De esta fecha data el primer documento en el que se nombra expresamente a Ocón en el voto de Fernán González.

 

               Durante el reinado de Sancho Garcés III el Mayor de Nájera (1004-1035), se nombra nuevamente a Ocón en una escritura del año 1023

 

                        “…en la cual suscribe Fortún, dominando en Ocón. “

 

                Sancho Garcés murió en el año 1035 sucediéndole en el trono su hijo García el de Nájera con el título de rey de Nájera y Pamplona.  En la escritura de arras de su mujer la reina Estefanía, el rey le da, entre otros señoríos, el de Ocón en el año 1040.  Hacia el año 1074 existía en el término de Ocón el monasterio de S. Saturnino que fue donado, con la ciudad de Parparinas, al monasterio de Valvanera.

 

  

Ocón en tiempos de Alfonso VI

 

               Cuando Alfonso VI de Castilla llega a Nájera, el señor de la plaza, Lope Díaz de Haro le jura fidelidad y se le entregan entre otros, el señorío de Ocón.  Gobantes dice que en la escritura de donación número 249 del tomo VI, correspondiente al año 1092, y guardada en el archivo de Simancas, firmó,

 

                              “…senior Enneco Azenariz, in Ocón.”

Alfonso VI

 

 Es el propio rey Alfonso VI quien estando con su mujer en Allberite, firma el Fuero de Logroño que comprendía desde Ocón y Mendavia hasta Viguera y Laguardia.  Quería con ello extender a los nativos del país el privilegio que disfrutaban los extranjeros acogidos, dándoles las mismas facilidades en cuanto a franquicias y exenciones.  Se libera a los pobladores de toda prestación o carga onerosa que pese sobre ellos y se les concede libertad de comprar bienes, poseerlos libremente y disponer de los mismos comercialmente.  Ordena la vida de mercado y dona a los residentes del término bienes comunales para su cultivo, aprovechamiento de pastos y leñas, aparte del derecho a riegos.  Este fuero sería la base principal en que se fundamenten las concordias que, en siglos venideros, establecería la Tierra de Ocón con los pueblos limítrofes para la regular cesión de pastos por aguas.  En 1310 Fernando IV confirma y amplía el concejo de Ocón, los buenos usos, fueros y costumbres.

  

 

Los señores de Ocón

 

               D. Diego Gómez Manrique, repostero mayor del rey y Adelantado Mayor de Castilla fue quien dio principio al linaje de los condes de Treviño, “que después serían duques de Nájera, Maqueda y Arcos”. Hijo de Garcí Fernández y de su segunda mujer Teresa Vázquez de Toledo recibió del rey D. Enrique el lugar de Ocón con su castillo.  Existió un privilegio en el que el rey D. Juan dice que vio una carta real de su padre el rey D. Enrique en la cual se hacía merced a D. Diego Gómez Manrique del lugar de Ocón con su castillo, del cual había hecho merced antes a Ramiro Sánchez de Asién quien le traicionó y se pasó al lado del rey de Navarra por lo cual revocó aquella dona­ción y se la entregó al citado D. Diego con su castillo, todos sus términos, montes, prados, aguas corrientes y no corrientes y con la justicia civil y criminal.  El privilegio está firmado el 2 de enero de 1379, y como D. Diego pidiera la confirmación de la carta real, el rey D. Juan le complació reteniendo éste para sí y los reyes que le sucedieran en dicho lugar y su términos, dinero en oro y plata y alcabalas, dándole la confirmación en las Cortes de Burgos el 10 de enero de 1379.

 

               D. Pedro Manrique de Lara, llamado "el Forte", fue octavo señor de Ocón.  Nació en 1443 y murió en Navarrete en 1515, siendo trasladado su cadáver a Nájera para ser enterrado en el panteón que él mismo había mandado construir en el Monasterio de Santa María la Real.  A los 15 años sucedió a su padre en los estados nobiliarios que poseía entre los que se encontraba Ocón.  A los 20 años entró a formar parte del Consejo Real siendo un decidido partidario del enlace de la reina Isabel de Castilla con Fernando de Aragón.  En los momentos difíciles por los que pasó uno y otro reino, D. Pedro Manrique de Lara estuvo allí para defender a sus soberanos.  Como agradecimiento, el rey Fernando el Católico le nombró capitán de la frontera de Jaén y su reino que defendió con gran eficacia,

El castillo de Ocón

“…por lo que recibió el título de Duque de Nájera a perpetuidad para él y sus descendientes.”

 

               Al morir Isabel la Católica, mantuvo una lealtad a toda prueba hacia su hija, doña Juana la Loca bajo la legítima administración de D. Felipe, su esposo.  El día que éste murió, y gracias a la energía del señor de Ocón, se evitó una revuelta militar, entrando a formar parte ese mismo día de la regencia, bajo la presidencia del cardenal Cisneros.

 

               También fue señor de Ocón y de otras muchas villas riojanas, el cuarto duque de Nájera, D. Juan Manrique de Lara y Acuña, hijo de don Juan Manrique y doña Juana de Acuña.  Casó con doña María Girón, hermana del duque de Osuna en 1554.

 

               La Villa y Tierra de Ocón perteneció hasta la desamortización de Mendizábal a los descendientes del duque de Nájera. Los duques ponían alcalde mayor del que se podía apelar al alcalde mayor de Nájera, hasta que se extinguieron las jurisdicciones s

eñoriales y era entonces S.M. el Rey quien nombraba alcalde mayor, de quien se podía apelar ante la Cancillería de Valladolid.